Wednesday, October 20, 2004

Mis Cinco Minutos

I want to, I want to be someone else or I’ll explode
Talk Show Host
Radiohead

Todo cupo en cinco minutos. En esos cinco minutos que tomo prestado al tiempo diariamente y desde hace varios años para soñar despierto, para pensar en lo que no soy, que por lo común me resulta mucho más fácil que definir lo que soy. Pero no me voy a andar por las ramas con rollos ontológico-existenciales. No, sólo quiero hablar de esos cinco minutos de ayer en los que me vi otro ahí, dentro de mi pantalla de cine personal e íntima, donde me observé como un individuo más convencional quizá (con comillas inmensamente grandes, por favor, no es nada personal), otro que justo después de acabar la universidad, como la mayor parte de sus compañeritos, consiguió clavarse en una empresa privada y de eco rimbombante, de preferencia una televisora o una agencia de publicidad (si es que me era posible elegir). Portaba un look de esos que llaman sport y que a mí de toda la vida me ha sonado a la peculiar vestimenta que suelen usar los presidentes cuando ejercen el ciudadano derecho del voto (por lo menos fue la primera vez que oí del término, con el parco de Miguel de la Madrid frente a las cámaras, específicamente enfundado en caqui, si no mal recuerdo). Y no, nada de barbas o pelos a medio crecer, nada de camisetas estampadas y de tono subido (incluyendo la que parece que le robé a Kinkín, como me criticaron acertadamente en la última foto que envié). A cambio de eso, las gafas oscuras que ostentaba, tras la extraña manía que había adquirido por pasarlos de la cara al pelo, y luego a la camisa y luego de regreso a su perfecto estuche duro, parecía que habían adquirido vida propia. Ganaba bien, o por lo menos lo necesario para que todos en mi perfectamentebienubicadacasa (gracias José Agustín): mi esposa, mis pequeños hijos, mi perro Page (siempre he querido tener un perro que se llame Page), y mi amante en turno (obviamente situada estratégicamente en otro sitio) no tuviesen que preocuparse de gran cosa. Asimismo, todo mi cada vez más incierto futuro se encontraba perfectamente planeado vía seguros de vida, de salud y los más modernos frenos de mano que pretenden imponerse a la vejez inminente. Seguía escribiendo, claro, pero solamente los sábados en la mañana y a la manera de Mark Twain: en la cama, sólo que sin su locura, sus fantasmas infernales revoloteando alrededor y por su puesto, su enorme genio. Era, sin duda, feliz, muy feliz. Sonreía con el aire y con los ojos de mis hijos y en los ojos de mis hijos, y también cuando los pájaros pasaban y Page corría tras ellos y cuando tras hacerle el amor a mi esposa le decía que la amaba. Era tan, pero tan feliz…
No sé porqué entonces y pese a todo, decidí volver a saltar al vacío…
Al vacío
Al vacío que vacía
A Mi Vacío…

2 Comments:

Blogger F. said...

Tal vez es que en ese vacío existen mas espacios que llenar. Como alguna vez llenaste un muro de fotografías, que mas que imágenes planas se trataba de personas y momentos.

Ciertamente el vacío no dura mucho tiempo cuando llega una mente creativa y crítica. Porque en el vacío hay una tela virgen que pintar, mientras que los ojos de borregos vemos en los grandes espectaculares que pululan cualquier trayecto por el periférico el cuadro repetitivo lleno de nada particularmente trascendente.

9:13 PM  
Blogger Rodrigo Flores King said...

Si, el vacío no es eterno. Más porque somos esos extraños buscadores de la felicidad que se enmarcan perfectamente en la frase de nuestro queridísimo A.S.: "La Felicidad consiste en llenar lo que está vacío, vaciar lo que está lleno......y rascarte donde te pica". Salud.

3:40 PM  

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