Friday, July 30, 2004

Al maestro con cariño

Ayer fue su despedida, por lo menos la que reservó para nosotros y que posee carácter de oficial. En realidad se puede decir que coincidimos en pocas ocasiones, pero todas y cada una de las veces en que nos vimos aprendí algo nuevo, al punto que después de darnos la mano al concluir nuestras reuniones el mundo se me vislumbraba tan limitado como abierto, digno de ser explorado hasta el cansancio. Su verborrea, exquisita y llena de anécdotas, ha sido una de las mejores cosas con las que me he tropezado en Barcelona. Para ser sincero, nunca pensé que después de vernos por primera vez, so pretexto de hacerle una entrevista, terminaría tomándole un cariño inusitado, como el que se tiene por todos aquellos maestros que han quedado impregnados en una memoria sin salidas. Ha sido la entrevista más difícil de mi vida, sobre todo porque yo leía gustoso sus libros siendo adolescente, con lo que un sumo respeto hacia su persona ya era cosa anticipada, y con junto a él también un manojo de nervios incontrolable. Me temblaba la voz y mi cara adquirió todas las variedades del rojo pero él, tal vez gracias a su innegable sensibilidad y “don de gente”, rompió el hielo ayudado por un par de vodka-tonics y una porción de aceitunas rellenas. Al terminar mis cuestionamientos, me pidió que apagara la grabadora y a bocajarro me pidió que le contara quién era, qué hacía. ¿Y qué le puedes decir a alguien como J., quien sabe tanto de todo? Salí de allí sintiéndome un idiota, sensación que se ha atenuado un poco con el tiempo y con una relación que, tan extraña como agradablemente, ha tomado el cariz de amistad honesta e incondicional. Sí, ahora es mi amigo y estoy orgulloso de ello, no por la imagen de escritor respetado que representa, sino por la hermosa persona que es. Tal vez no lo sabe pero incluso desde antes de conocerlo ya lo consideraba mi maestro, un modelo a seguir, y eso es algo que no quiero cambiar aunque choquemos en un futuro las copas por los momentos que tejimos en el pasado. Lo echaré de menos y el Wembley, Su Bar, ya no será el mismo, aunque seguramente regresaré allí algún día para tomarme un vodka tonic o ¿por qué no? un Torres 5 frente su silla vacía, siempre pegada a la ventana. A tu salud J., a tu salud.

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